Reseña «La quietud» de Ignacio Ferrando
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Reseña «La quietud» de Ignacio Ferrando

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La quietud de Ignacio Ferrando

Título: La quietud
Autor: Ignacio Ferrando
Año: 2017
Género
Novela
Nº de páginas:
400
Editorial:
Tusquets Editores

 

La nueva novela de Ignacio Ferrando (Trubia, Asturias, 1972), La quietud, trata sobre el tema de la adopción y, por extensión, de la paternidad. Compuesta de una estructura lineal que se divide en cuatro partes y un epílogo. Cada una de estas partes tiene como eje temático a las protagonistas de la historia. Está narrada en primera persona por su protagonista, Héctor. Vive separado de Julia cuando su exmujer le pide que reinicien los trámites de adopción de Dimitri, un niño que le han asignado en Siberia. En ese momento, Héctor ya está conviviendo con Ann, una  de sus alumnas universitarias de Arquitectura. Este conflicto le llevará a tomar una decisión. Aunque decide acompañar a Julia en el viaje, no está nada convencido. Además del dilema por la propia situación en sí (hacerse pasar por una pareja que ya no existe), surgen los temores y la angustia ante la posible paternidad. Para reforzarlo el autor recurre a mostrar, desde las primeras páginas, la relación entre Héctor y su propio padre. Una relación difícil y distante. Por una parte, Héctor sigue trabajando en el estudio de arquitectura de su padre. Por otra, se insinúa que la incomunicación existente entre ellos no es un hecho reciente (ahora que el progenitor está ingresado en una residencia de ancianos debido a una enfermedad), sino debido a un conflicto latente que sucedió en el pasado y que va a ser clave en el desenlace de la novela.

Uno de los aspectos más destacables de La quietud es la caracterización de los personajes. Los personajes principales (Héctor, Julia y Ann) están perfectamente definidos, no solo físicamente, sino también desde un punto de vista introspectivo.  Esta cualidad les confiere una humanidad desbordante que se acrecienta aún más gracias a los personajes secundarios. Los tres persiguen un objetivo y para intentar conseguirlo se comportarán de un modo ambiguo y, en ocasiones, imprevisible. En el viaje a Siberia, Héctor y Julia conocerán a otras parejas de distintas nacionalidades, con los que tienen en común el propósito de la futura adopción. Así surgirán diferencias ideológicas y discusiones entre las propias parejas, narradas mediante diálogos sugerentes y fluidos. Además la convivencia con estos personajes transformará el carácter de Héctor, bien por la observación del resto del grupo, bien por sus vivencias con ellos (en este sentido, destaca principalmente la relación con la pareja formada por Cornelia y Cinzia). Incluso existen ciertos personajes ausentes que están dotados de una identidad bien definida.

Las digresiones de Héctor se intercalan en las escenas de acción que se suceden con un ritmo medido, suficientemente ágil. La ambientación está construida a través de los sentidos: el frío, la nieve, el hielo, son algunas de los elementos constantes del escenario ruso.

A la hora en que pasamos por la avenida Lenin hay una excavadora limpiando la nieve. Es una avenida amplísima, desmesurada, seguramente la más grande de la ciudad. En el silencio de la madrugada, casi pueden escucharse las cadenas de los Spetsnaz y las botas del ejército desfilando frente a la escalinata presidencial. Sopla un viento gélido, continental, que endurece la nieve y la convierte en hielo. El centro lo compone una retícula ortogonal de calles alrededor de las cuales se amontonan los suburbios de la ciudad. «No hay pájaros», dice Julia observando la efigie de Lenin, «es la única plaza del mundo sin pájaros.»

En uno de los capítulos centrales en que se produce una tormenta de nieve, advertimos como todo se puede perder en un instante por las adversidades. No solo climatológicas o materiales. Los personajes se verán sometidos a diversas trabas burocráticas y administrativas. A esa maquinaria judicial que, pese a la distancia cronológica, me ha recordado a El proceso de Kafka. De hecho se menciona la película del mismo título de Orson Welles. Pero lo más interesante es la lucha permanente de Héctor por encontrar un espacio en el que situarse ante sus propias barreras. La búsqueda de su propia identidad a partir del proceso de adopción.

Varias escenas estremecen precisamente por lo que no cuentan. Lejos de caer en el morbo, en la descripción exhaustiva del mundo cruel e inhóspito de los orfanatos, el autor consigue que el trayecto por un pasillo de la Casa Cuna en la que vive se convierta en un cuarto imaginado por el propio lector.

También son variadas las menciones (o resonancias) literarias (Scott Fitzgerald y su mujer, Zelda), musicales (Puccini), cinematográficas (Romy Scheneider, Anthony Perkins, Woody Allen), arquitectónicas (destaca la figura de Mélnikov y su casa redonda) que aportan un sentido más amplio a la historia.

En conclusión, La quietud es una profunda y emotiva novela que deslumbra tanto como nos conmueve. Una novela magistral que encierra hallazgos geniales con un final que fascinará a cualquier lector. Y, al contrario de lo que sucede con los libros de consumo, quedará en su memoria. No se la pierdan.

 

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Autora de la reseña: Silvia Fernández Díaz

@odi_dia

 

 

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