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Tenía los pies encima del escritorio y una carta de despedido sobre la mesa. Los radiadores no funcionaban y un frío inusual se colaba a través del quicio de la puerta.
Alguien llamó a mi despacho.
Pase- dije.
Un tipo menudo, con un extraño olor a almizcle y tabaco de mascar entró sin apenas hacer ruido. Como si estuviera encima de una cinta de correr. Movió la silla, se sentó y se me quedó mirando. Yo no cambié mi posición. Rebusqué mi pitillera y me eché un cigarrillo a los labios. No tiraba, lo apagué con la suela de mi zapato y coloqué las manos sobre mi barriga. Un momento antes de quedarme dormido el tipo carraspeó un poco.
Ah, sí. Sigue usted ahí– dije.
El tipo asintió.
¿Por qué no dice nada?
Estaba esperando a que usted hablara.
Ya está, ahora, ¿Qué quiere?
Necesito volver a ver a mi hermano.
Llámele por teléfono y queden en algún sitio.
No es tan sencillo. Necesito antes que usted me ayude.
¿Cómo le iba yo a ayudar?
Verá señor Bosco, usted posee los conocimientos necesarios para hacerlo. Además, dispone de esas <<cosas>> que pueden hacerme el trayecto más corto. Necesito esas <<cosas>>.
Oiga, todo el mundo necesitamos <<cosas>> ¿no cree? Por ejemplo; zapatos que no te destrocen los pies, un trabajo nuevo, quizás un corte de pelo, dinero para pagar el alquiler…
Ya, pero lo que yo necesito es un poco más…ya sabe… Complicado. – dijo.
Aquél pelirrojo me estaba empezando a dar mal rollo.
¿Y pagar la factura de la luz es sencillo?
Sí, si tiene trabajo.
Arrojé mi carta de despido al otro lado del escritorio.
– Estoy fuera. Me han echado a la calle con lo puesto. Dentro de un par de meses estaré en un callejón sin pantalones y estaré usando mis camisas a modo de almohada.
Bosco, si me ayuda no tendrá que dormir en la calle. Podrá vivir a cuerpo de rey durante toda su vida.
Señor, ha despertado mi curiosidad, ¿Cómo se llama?
Vincent.
Muy bien Vincent, ahora, ¿Cuál es el plan?
Necesito reunirme con mi hermano. Falleció unos años más tarde que yo. Por cualquier razón no soy capaz de encontrarlo.
¿Cómo se llama su hermano?
Theo.
¿En qué estaban pensando sus padres? Primero Vincent y luego Theo.
Podría decir lo mismo de usted.
Abrí el primer cajón de mi escritorio. Saqué una botella de vodka y le di un tiento. Se la ofrecí a Vincent. El tipo la agarró con violencia y le dio un trago largo. Luego me la devolvió.
Tengo un par de vasos por aquí…
El licor entra mejor directamente de la botella. Así no hay intermediarios.
Vincent, está usted hecho un desastre.
Lo sé.
Me quedé mirando su cara un rato. Transmitía tranquilidad y locura. Era una cara agradable.
¿Qué le ha pasado en la oreja?
¿No lo sabe?
¿Cómo lo iba a saber, tengo aspecto de adivino o qué?
¿No ha ido usted a la escuela?
Siempre encontraba la forma de no hacerlo, pero ¿Qué tiene qué ver?
No sabe quién soy, ¿verdad?
Vincent, ¿no?
Van Gogh- puntualizó.
Mierda. ¿Por qué todos los locos acudían a mí? Tenía una especie de radar para los reventados, para las mentes rotas, para los perturbados que se obcecaban en mantener una conversación con otro tarado como ellos.
Muy bien, Vincent. Esto ha ido demasiado lejos.
Espero que lo entienda ahora. Necesito ver a Theo. Es cuestión de vid…- enmudeció un momento. Luego encontró las palabras adecuadas-, por necesidad.
Esta noche haré una ouija en casa. Puede pasarse si quiere. Traiga un buen vino. De las velas y la cena me encargo yo.
No se haga el graciosillo conmigo. Si he venido hasta aquí es porque no me ha quedado más remedio, y porque tiene experiencia en… ya sabe… traer de vuelta a los muert…
Revivir-dije.
Eso es. Ahora haga lo que le he pedido y podrá olvidarse por completo de sus preocupaciones.
¿Y si me niego?
Acudiré cada noche a su apartamento para atosigarle. No le daré tregua. Pasará el resto de su vida sumido en una completa locura.
Ya estoy sumido en una completa locura, Vincent. – dije. Tamborileé con los dedos sobre el escritorio un momento, luego añadí- ¿Sabe qué? Lo haré. Me cae bien. Necesito alguna parte del cuerpo de su hermano. No sé, algo así como unos dientes, o una pestaña, un trozo de dedo del pie…
Una explosión naranja sacudió el despacho. Van Gogh desapareció. Yo me oriné en los pantalones. Todo había sido un sueño. Debía de haberme quedado dormido. Me estiracé y sacudí la bata. Tenía un gran lamparón morado en el lado izquierdo.
Necesitaba un trago. Fui a por la botella cuando otro destello naranja explotó en mis narices.
¿Esto puede servir? – preguntó Van Gogh extendiendo una mano destrozada con tres dedos; anular, meñique y pulgar.
Vaya. Pues sí era real. Agarré la mano. Estaba putrefacta. Al tacto parecía un cojín de esos que te colocas en el cuello cuando viajas en avión. Extendí el dedo anular y apunté directamente a Van Gogh.
Está hecho cabronazo. Esta noche pásese por mi apartamento. Sobre las nueve. La mano de Theo y yo le estaremos esperando.
Muy bien. Hasta las nueve, Bosco. Tenga cuidado, recuerde que es importante para mí.
Otro pepinazo naranja. ¿Me estaba volviendo loco? Cabía muchas posibilidades, eso era lo preocupante. Me quedé un rato pensando en la idea de arrojarme por la ventana. Bah, eso no me serviría de nada. Vicent me encontraría en la otra vida. Además, tenía más enemigos muertos que vivos. Puse los pies sobre el escritorio y me eché un sueñecito. ¿Qué otra cosa iba a hacer?
Eran las nueve menos diez y Van Gogh estaba bebiéndose la mitad de mi mueble-bar. Mientras tanto yo preparaba los utensilios necesarios para traer de vuelta a Theo. Había fabricado una máquina capaz de atravesar la línea espacio- tiempo para poder traer de vuelta a los muertos. El despido se produjo cuando intentaba traer a Truman Capote para preguntarle una duda sobre Desayuno en Tiffany´s. Mi jefe vio la máquina y me mandó al paro sin contemplaciones. Expulsado del cuerpo médico por negligencia y por jugar a ser Dios. Bueno, podría haber sido peor. Sin embargo, se había corrido el rumor de que yo era una especie de <<Resucitador>> y todos los artistas muertos acudían a mí para pedirme cualquier favor.
¿Cómo lo lleva? – quiso saber Vincent.
Podría estar mejor.
Me refiero al experimento.
Ah, sí. Ya casi está, solo necesito esto- le arranqué un pelo pelirrojo de la barba.
Accioné el botón ON. Las vibraciones comenzaron a emerger de la máquina. Se movía el apartamento entero. Las patas de la cama crujieron, la lámpara de techo se reventó contra el suelo, las copas del mueble se cayeron, una a una, haciendo un sonido celestial y horrible. Vincent estaba a mi lado, no le quitaba ojo a la máquina. Entonces, cuando vi que se acercaba lo suficiente, le di una patada en el trasero y le empujé hacia dentro.
¡Nos vemos en el infierno Vincent! – grité.
Y luego. Todo se puso en calma. Desconecté la máquina y fui hasta el salón. Estaba todo hecho un desastre. Agarré una lata de cerveza y la abrí. La espuma salió disparada. Le di un trago y me quedé sentado esperando a algo o alguien. Me quedé mirando un rato la ventana. Resolví ir al Pulp Red a echar unas copas. Me levanté, me puse mi abrigo y eché algo de dinero en la cartera. Seguía siendo de noche y el cielo tenía un aspecto quijotesco. Nada más que estrellas y luces. Anduve hasta el porche y fui hacia la izquierda. Pronto alguien del <<más allá>> volvería a recurrir a mí. Bueno, al menos seguiría entretenido. Me encendí un cigarrillo y me puse en marcha.
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Acerca del autor
Escrito por: Guillermo Arbona Rojas
Guillermo Arbona Rojas es natural de Jaén (Andalucía, España). En la actualidad reside en Madrid. Estudió Imagen y Sonido para poder entender con mayor precisión el mundo del cine. Arte que también practica como técnico de sonido.
Desde pequeño ha sido un gran amante de la Literatura y le ha guardado siempre el respeto y dedicación que ésta se merece. Gran admirador de genios como Raymond Carver, Jhon Fante, Lucia Berlin o Céline.
Su escueta trayectoria literaria como escritor nació hace unos años.
En 2016 tuvo la suerte de quedar como 2º Ganador en la III edición del Concurso Literario “Efecto Mariposa” organizado por la ONG coordinadora para el desarrollo de Rioja. Vincula su afición narrativa con la escritura de poesía o guiones para cortometrajes.
Ha sido publicado en páginas webs dedicadas al mundo de las letras como: Ngc3660, Factoría de Autores, Letralia o El club de la fábula.
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Directo y con mucho sentido del humor. Me ha gustado.
Estupendo relato. Una original forma de hacer revivir Van Gogh.