Ulises en el Festival de Cannes: “Susana, la taquillera” de Atilano Sevillano
» Ulises en el Festival de Cannes: “Susana, la taquillera” de Atilano Sevillano

Ulises en el Festival de Cannes: “Susana, la taquillera” de Atilano Sevillano

Publicado en: | 0

A las diez y veinte de la noche, Susana, la taquillera del cine de barrio Oasis, cierra su cabina, pues, ya ha empezado la peli de la última sesión. Los viernes en que se estrena película, descalza se desliza por la sala de butacas y se ovilla en alguna de la última fila. Poco antes de que se enciendan las luces abandona sigilosa la sala. Sube las escaleras del portal de al lado, pues, vive en uno de los apartamentos que el dueño del cine había construido, encima del local de exhibición cinematográfica
El resto de los días de la semana se da un garbeo por alguno de los bares del barrio, llega a casa y cena parsimoniosamente. Se suele meter en la cama justo en el momento en que la chica se tumba en el diván para escuchar cómo el chico toca el piano. En ocasiones como hoy jueves el chico se pone a aporrear el piano como si se hubiese vuelto loco. Es como si estuviese el piano justo debajo de la cama, pues, entre esta y la pantalla no habría más de tres o cuatro metros.
Por las mañanas antes de comer se encarga de la limpieza del cine y a las cuatro y media abre la ventanilla para vender las entradas para la primera sesión, la de las diecisiete y quince. En este cine se programan bastantes películas de amor, que cambian cada semana o cada quince días, dependiendo del número de espectadores que acudan a la sala. También echan películas de hombres lobo, cowboys, guerra, miedo, aventuras, romanos, risas y de glamour con vampiresas.
Susana se puso a pensar en una película que vio hace unos días. Se despertó después de tener un sueño casi erótico. Estaba haciendo un estrambótico baile, quitándose velos de colores sin parar y tirándolos, aunque por un fenómeno extraño jamás llegaban al suelo. Aquellas finas telas no paraban de rodearla aunque ella no paraba de quitárselas, dejando entrever vislumbres momentáneos de su cuerpo, de su cintura. Si se quitaba unos cuantos velos más ya se la podría ver toda entera.
Con la nuevas temporada otoñal, el señor Martínez, el dueño del cine, le dio por traer una auténtica novedad, el cinéma vérité. Nombre que nunca había oído la taquillera ni la mayoría de los parroquianos. El señor Martínez colocó una fotocopia en la ventanilla del texto de Stephen Member : ” El cinéma vérité es una disciplina estricta precisamente por ser simple y directa que es en muchos sentidos. El cineasta intenta eliminar n la medida de lo posible las barreras que se imponen entre el tema y la audiencia. Esas barreras son técnicas (equipos de rodaje grandes, decorados en estudios, instrumentos montados sobre trípodes, iluminación especial, vestuario y maquillaje), de procedimiento (guionización, interpretación y dirección) y estructurales (herramientas de edición estándar, formas tradicionales de melodrama y de intriga, etc.). El cinéma vérité es un método de trabajo práctico que se basas en la fe en una realidad sin manipular, en la negativa a alterar la vida tal como ésta se presenta. Cualquier tipo de cine es un proceso de selección, pero entre la estética del cinéma vérité y los métodos del cine de ficción y del documental tradicional hay (o debería haber) un mundo de diferencia.” El señor Martínez estaba ya medio arrepentido por su atrevimiento , pero el resultado fue muy satisfactorio, pues, los amantes del cine del barrio acudieron en masa a su sala de proyecciones.
Con el correr de los tiempos, Susana se había acostumbrado a que los lunes, una vez despachadas las entradas, se metía en la sala semivacía y se colocaba en alguna de las primeras filas de butacas.”La Rosa Púrpura del Cairo” era la película que ese lunes se proyectaba. Ocurrió algo especial, Tom Baxter se da cuenta de que Susana ha permanecido en la sala durante las tres sesiones, quedándose un buen rato sola después de haber finalizado la proyección ; así que detiene la acción del film, sale de la pantalla y le da un inesperado beso. Susana piensa que alguien ha intentado engañarla. Que en un sitio como este no puede haber fantasmas. Ella ignora que los fantasmas siempre van primero a por el que se queda solo.
Algunas noches le daba a la taquillera por sacar su álbum de la maleta, se sentaba a la mesa de la cocina y se ponía a ver las fotografías. Así se encontró de nuevo con Eliseo, un joven que conoció a los diecisiete años. Ojos oscuros y pelo castaño. Susana lo veía únicamente como un amigo y ella solo se fijaba en los mayores Eliseo estaba enamorado de ella. El interés de ella por él decayó y la joven pronto empezó a salir con Rafael con el que descubre el alcohol, las fiestas y el sexo. Pronto siente una profunda desolación cuando contempla la traición de su chico con su mejor amiga. Allí se encuentra con la figura del padre apenas inexistente, pues, muy pronto les dio la espalda a su madre y a ella misma. Con su madre es con la que se siente feliz. Es la que la consuela y le predice tiempos mejores.
Fue también hacia finales de octubre, cuando Martínez viajó a otro país para hacerse cargo de las cosas de su hermano. Había asegurado a Susana que el primero de noviembre regresaría. Pero no fue así. Al final Martínez desapareció de la escena. Según algunos rumores se casó con una estrella porno y se adentró en un mundo muy desagradable del que ya no saldría. Siguen habiendo rumores de que Martínez tuvo otras aventuras. Con la planta que tenía y su encanto no cuesta creer que tuviera muchas pretendientes. Asegura Susana que Martínez se limitaba a coquetear tomando una copa o comiendo rápidamente con alguna. Nunca se acostó con ninguna de ellas.
Hace pocos meses lo escuchó por teléfono. No llegó a entender lo que decía, pero sabía que oía su voz. Ayer recibió un paquete que llevaba impreso la palabra frágil. Era una película. Sí, era una película porque usaba celuloide. La calidad de la imagen no era muy buena ni su sonido tampoco, solo se salvaban unos cuantos fotogramas donde se le veía al príncipe David Martínez leyendo el siguiente texto: ” Susana García, afirmo tener lo que quería encontrar. Las piezas han ido encajando lentamente. Estoy empezando a entender donde está mi sitio. El cine y todo el edificio lo dejo en tus manos. Sé que lo defenderás como si de tu propia vida se tratara. Quizás te parezca que he perdido la cabeza. Quizás sea así… Pronto recibirás una copia notarial al efecto. Y recuerda que la vida no es más que el espacio entre dos fotogramas”.

Dejar un comentario