I Premio Espacio Ulises: Relato «Revelación en sueños» de David Coloma García
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I Premio Espacio Ulises: Relato «Revelación en sueños» de David Coloma García

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Estoy en un claro; no hay animales cerca y el sitio parece ahora solitario. Me construyo mi casa y estoy al principio poniendo los ladrillos; de repente, oigo unos pasos y se acerca un señor hacia mí con un arma, no recuerdo si era un hacha o una espada y me dice:
—Tengo que matarte.
Yo asustado, le contesto:
— Eso no puede ser, ya que si me matas no estará la casa construida y si la gente viene sería feísimo ver un sitio en ruinas;
—Tienes razón— dice él.
Luego se marcha. Sigo colocando los ladrillos y al poco tiempo, viene hacia mí un señor alto y con una pistola y me dice:
—Te tengo que matar. ¡Ya!
—¿Por qué?
—Son ordenes— replica él.
—Si me matas mi cuerpo estará allí yaciendo y si viene alguien y se entera de lo ocurrido, indagaría y descubriría que has sido tú, luego se quejaría a los altos mandos, con lo cual tu currículum quedaría manchado y serías fichado. Si quieres matarme, mejor que primero construyas un cementerio.

Estoy muy nervioso, finalmente parece que le he convencido porque le veo alejarse. He pasado miedo, pero estoy vivo. Se está haciendo tarde y el trabajo resulta a veces duro, entonces decido acostarme unas horas para descansar. Cuando llevo poco tiempo durmiendo unos ruidos hacen que me despierte. Alguien me mueve y abro los ojos, veo unos señores serios que parecen querer hablar conmigo. Ellos me dicen que el presidente es un asesino, la cual cosa no me la acabo de creer y después me voy a casa de un amigo. La casa está deshabitada y allí hay utensilios para realizar experimentos; escojo los que me sirven para realizar las pruebas que necesito y utilizo de materiales: piedras y hojas silvestres. Una vez finalizados los experimentos, voy a la ciudad y los llevo a analizar para ver los resultados; me dicen que en una semana estarán. Mientras tanto, regreso al campo y sigo construyendo la casa. Al día siguiente viene alguno de mis amigos y me dice que la casa no está quedando mal y yo le agradezco ese comentario.

Después de dos días de trabajo intenso, la casa empieza a tomar forma y noto como los animales han vuelto, porque se oyen sus ruidos cerca de donde estoy. De repente, vienen unas personas fumando hacia donde me encuentro. Su semblante me parece amenazante y por los gestos que les veo hacer, creo que me quieren obligar a fumar. Entonces, miro entre mis cosas y cojo un petardo, rápidamente lo lanzo a uno mientras que otro tiene su cigarro en la mano muy cerca de mí y en un descuido se lo pongo al revés. Él se quema y le veo en el suelo quejándose, mientras al otro le ha estallado el petardo en el cigarrillo. Veo que los demás muestran un semblante de asombro ante lo que han visto, aprovecho para recordar un hechizo que me enseñó un amigo hace un tiempo y recito las palabras mientras veo como unos huyen y otros intentan que me trague los cigarrillos y exhalan el humo de los suyos hacia mí. No veo escapatoria pero toco mi bolso con herramientas y otros utensilios para ver si encuentro algo que me ayude a escapar de esta gente. Palpo y noto una cosa metálica, es un bote con un colector; le doy a la palanca y funciona, absorbe todo el humo de sus cigarros y se quedan sin nada.

En ese momento veo que se paran y me dejan libre. Aprovecho para preguntarles por qué quieren matarme, pero ellos se alejan; aún estoy respirando algo aliviado cuando viene otro grupo de la misma gente por el este, ellos están todavía lejos y me da tiempo a esconderme antes de que me vean. Por una rendija desde mi escondite les veo acercarse a la casa en construcción y mirar por diferentes sitios. Yo estoy quieto, sin moverme, esperando mi oportunidad. Al cabo de un tiempo, que parece una eternidad, dejan sus cigarros en una de las paredes de la casa y les veo reunirse en grupo. Ese es mi momento, cojo un frasco con una sustancia y una arma; voy por detrás de la casa sigilosamente y haciendo un movimiento rápido corto sus cigarros y los vacío poniendo dentro de ellos la sustancia que llevo en el frasco, luego en menos de un minuto vuelvo a juntarles las piezas y me escondo en una mata cerca de la casa. Estoy sudando y el corazón me palpita a cien por hora. Uno de ellos se acerca a donde estoy escondido y al rodear por detrás el seto, salto y como una fiera me lanzo sobre él y le empujo hacia la pared trasera de la casa. El ruido del choque es muy fuerte y cae al suelo sin sentido; en eso que veo que otro se acerca algo tambaleante, parece que mi sustancia está empezando a ejercer su efecto. Le doy un golpe en la cabeza y se cae al suelo. Me siento cansado pero sigo en alerta, no sé cuanto voy a poder aguantar este estado ni si saldré vivo de esto. Parece que los otros se retiran porque les veo caminar en dirección opuesta a por donde han venido.

Ahora estoy apoyado en la pared de la casa, recuperando la respiración. Me he librado de una buena y con tanta emoción prefiero descansar lo que queda del día y dejar la construcción de la casa para más adelante.

Al día siguiente por la tarde, voy a la ciudad y compro unos disfraces y me quedo en casa esa noche probándome las cosas que he comprado. Oigo pasos que vienen hacia mí, levanto la cabeza y veo un señor que vocea todo el rato:
—¿Alguien ha visto a Fuentes?
—Creo que ese nombre es de un grupo de rock de cuando era adolescente— le contesto.
Después de este intercambio de palabras, se marcha. Aprovecho para ponerme el disfraz de arquitecto y luego sigo con la construcción de la casa. Más tarde, llega una chica rubia a donde estoy y me pregunta:
—¿Dónde está el dueño de la casa?
—No lo sé, yo solo estoy supervisando el trabajo.
Me mira extrañada y le invito a ir a comer a casa de mi primo. Veo que asiste afirmativamente con la cabeza. Le llevo hasta allí y llamo a la puerta pero no hay nadie, a lo mejor mi primo se ha ido a la ciudad o yo qué sé. Me acuerdo de donde esconde la llave de la casa, la cojo y entramos. Le digo que se siente en la mesa que enseguida estoy. Voy a la cocina y cojo dos botes y un líquido de experimentar de color verde; estoy familiarizado con estos líquidos y los distingo del resto de cosas. Dejo caer parte del líquido en un zumo de naranjas y llevo los dos vasos a la mesa. Cuando estamos el uno frente al otro, le invito a beber y hago como si bebiera pero no tomo ningún trago. Al poco rato a ella se coge la garganta, parece ser que ha bebido. Empieza a decirme la verdad de su visita y cosas que no sabía de la gente que me amenazaba. También me indica un sitio en la ciudad donde hay armas y otras cosas. Al cabo de un tiempo, se marcha y le doy a beber el antídoto. Con lo que me ha dicho ya puedo empezar a planear mis estrategias.

Al día siguiente voy a la ciudad llevando una bolsa grande y llego a la tienda que ella me ha dicho, compro las armas, municiones y todo lo que considero necesario; luego lo meto en la bolsa y cierro la cremallera. Esa misma tarde voy al lugar donde mis amigos suelen reunirse y algunas veces hemos estado allí celebrando cumpleaños. Mientras camino hacia el sitio con la bolsa de armas que pesa un quintal y mi disfraz que me he puesto para esta ocasión pienso en todo lo que ha sucedido estos días y albergo la esperanza de que podré ser libre de toda esta gente que me busca. Voy despacio mirando muy bien a todo el mundo que me encuentro y al llegar digo la contraseña. Me abre la puerta una persona canosa y con barba blanca. Le saludo y veo a unos pocos de mis amigos ahí dentro. Grito y les llamo la atención, ellos vienen hacia mí, me miran algo asombrados por lo que aprecio en sus caras y les cuento todo lo que me ha sucedido. Nadie habla mientras estoy relatando las cosas que me han pasado. Me llevan hacia los baños y cierran la puerta, entonces les enseño la bolsa y les muestro las armas que he comprado. Parece que las miren con dudas, y espero su respuesta. Al cabo de un largo silencio tenso, uno de ellos me dice que está conmigo, y me choca el puño en señal de pacto. Luego los demás se van sumando y cada uno coge el arma que más le gusta; nos abrazamos y vamos hacia la casa que estoy construyendo, a pesar de que es muy de noche.
—No te preocupes, David que estamos contigo y te ayudaremos.
—¿Sabéis algo de la gente que ha venido a verme estos días? — les pregunto.
—Por lo que nos has dicho creo que solo un poco — contesta uno de ellos.
—Son gente de no fiarse y conviene que estemos alerta mientras averiguamos lo que sucede — responde otro.
—Yo tengo algo de miedo; dice el más pequeño de todos.
—No te preocupes, que somos una familia. Le responde otro que es su hermano.
Esa noche la luna brilla en el cielo y aunque está en cuarto menguante, nos ilumina lo suficiente como para ver lo que pisan nuestros pies y seguir el camino hacia la casa sin perdernos. Llegamos al lugar y nos repartimos las guardias. Yo estoy aliviado de ver que mis amigos están conmigo y pienso que siendo más gente podemos defendernos mejor. Esta noche duermo algo más tranquilo y mi guardia transcurre sin sobresaltos.

El sol está ahora en el cielo, nos despertamos lentamente y nos lavamos la cara, después cogemos las armas y nos ponemos en posición. Al cabo de un rato vemos llegar un grupo de hombres, visten muy parecidos a la gente que quería matarme. Empezamos a disparar hacia ellos y dicen:
—Alto, nos rendimos; ya no queremos matar a nadie. No nos hagáis daño.
—¿Quiénes sois? — dice mi más íntimo amigo.
—Somos enviados del presidente pero estamos ya hartos de ir haciendo lo mismo en otros lugares.
—Nos habían dicho que David era alguien que había que liquidar —dice uno de ellos.
—Nuestro amigo no ha hecho nada malo y es una persona muy noble —responden al unísono todos mis amigos.
—Iros y dejarnos tranquilos —digo yo.

Ellos se van y nosotros cantamos victoria hasta el momento, nos abrazamos, pero sin bajar la guardia. Pienso para mis adentros, por fin podemos vivir en paz, pero creo que nos esperan días de mucha investigación y siento no haberme fiado de mis amigos cuando me dijeron aquel día que el presidente era un asesino.

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