Relato “Hermano Sol, hermana Luna” de Juan Carlos Herranz
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Relato “Hermano Sol, hermana Luna” de Juan Carlos Herranz

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(relato a modo de los cuentos tradicionales japoneses)

Éranse una vez dos buenos hermanos que se llamaban Sol y Luna. Ambos vivían en una humilde cabaña junto al río Vida en un maravilloso valle de Japón. Debido a la celebración de la fiesta Setsubun (1), toda la familia limpiaba la casa de manera especial: barrieron el suelo, prepararon juntos el fuego en el irori (2) y se ayudaron los unos a los otros en todas las labores del humilde hogar. Los dos hermanos se querían mucho. Tanto se querían que no dudaban en compartir hasta las bolitas de mijo que su mamá les preparaba para almorzar o disfrutar juntos del furo (3) al final de cada jornada. Estaban a punto de dormir cuando, a la hora del ratón (4), se les apareció Yoshio, el chico pomelo (5), quien les ofreció jugar a un ingenioso juego con el que podrían obtener fortuna y felicidad para el resto de sus vidas.

Sol y Luna debían elegir entre dos cofres —uno de oro e incrustaciones de piedras preciosas y otro de madera de cerezo— y atravesar con ellos un sendero de piedras de río entre dos impresionantes parajes —la frondosa y cálida Montaña de Tengu (6), poblada de  pinos ezomatsu (7), morada de jabalíes y ciervos, donde se le aparecerá a Sol el Kappa (8) y la fría y nevada Montaña de Okame (9), donde la mujer de nieve (10) se le aparecerá a Luna— hasta llegar, a través de la ruta marcada, al tenebroso Castillo del Oni (11). Desde la casa de tan malvada criatura, situada en el monte de la inmortalidad y el amor eterno que asciende hacia el cielo en forma del humo del volcán (12) deberían regresar a la cabaña por el camino correcto para obtener su recompensa.

La primera que eligió cofre fue la hermana Luna quien, desconfiada, pensó: seguro que el chico pomelo desea engañarme y dentro del vulgar cofre de madera de cerezo se encuentra la fortuna y la felicidad que tanto anhelo. De este modo tan ingenuo, la niña eligió el cofre de madera. Contento porque su hermana hubiese evitado que él eligiera en primer lugar, presintió que sólo en el interior de tan majestuoso cofre de oro e incrustaciones preciosas podría hallarse tan fabuloso premio. Una vez tuvieron en su poder los cofres, el chico pomelo les recordó a ambos hermanos  que debían marchar por el camino de las piedras hasta el Castillo del malvado Oni sin abandonarlo bajo ningún concepto. La senda indicada se hallaba entre esas dos enormes montañas: la montaña frondosa de Tengu y la montaña nevada de Okame. Una vez alcanzado el tenebroso castillo, el Oni les daría a elegir entre dos caminos para regresar a casa. Yoshio se despidió de ambos avisándoles que, volverían a verse pronto, siempre y cuando no intentaran abrir los cofres.

Hermano Sol y hermana Luna salieron temprano hacia el Castillo del Oni siguiendo el camino de piedras entre las dos enormes montañas. Una vez alcanzado el destino, tal como les había indicado el chico pomelo, el Oni salió a su encuentro y les ofreció dos caminos para regresar a la cabaña: hacerlo a través de la montaña frondosa de Tengu o a través de la montaña nevada de Okame. De nuevo, Luna se adelantó a su hermano eligiendo la montaña nevada de Okame porque le desagradaban las temperaturas cálidas. Sol no pudo sino aceptar su regreso cruzando la frondosa montaña de Tengu, a pesar de tener alergia a los pinos ezomatsu y sentir pánico por los jabalíes y ciervos. Por si eso no bastase, a pesar de llevar mucha ropa de invierno, el hermano Sol se enfrentó con valentía a las calurosas temperaturas de la montaña frondosa de Tengu. A mitad de camino se le apareció el Kappa quien, habiéndose percatado del coraje y decisión del pequeño, decidió indicarle un paso directo a su casa a través de una gruta mágica donde no seguirá pasando calor. De éste modo, mientras en la montaña nevada de Okame, su hermana Luna se hallaba desorientada por las tormentas de nieve, Sol llegó a la humilde cabaña en donde le esperaba con alegría Yoshio, el chico pomelo: Ahora puedes abrir el cofre que elegiste —le indicó sonriente—. Al abrirlo, un humo blanco, de dulce olor a canela y bayas, se desprendió de su interior transformando al pequeño en un gran samurái rodeado de todas las riquezas que jamás nadie en el valle hubiese imaginado poseer.

Su hermana, confusa acerca de la dirección que debía tomar para regresar a casa, se encontró a Tengu y a Okame junto a la mujer de nieve quien se mantuvo en silencio. Tengu se apresuró a decirle: Abre tu cofre de cerezo si no quieres quedarte aquí para siempre —acarició su mejilla con delicadeza— No desoigas la advertencia del chico pomelo bajo ningún concepto —increpó Okame—. Luna optó por el consejo de Tengu haciendo caso omiso a Yoshio. Las apariencias de Tengu le causaron buena impresión. Antes de que la mujer de nieve pudiese articular palabra, la niña abrió el cofre. Al hacerlo, un humo negro de fuerte olor a artemisa y manzana, se desprendió de su interior envolviéndola hasta convertirla en una gran bola blanca y rellena. Con gran malhumor por su falta de respeto, la mujer de nieve la impulsó hasta el cielo por no esperar a que se pronunciase al respecto de los dos consejos.

Cuenta la leyenda que si la hermana Luna no se hubiese dejado arrastrar por su ingenuidad, ni se hubiese dejado engañar por Tengu, el propio chico pomelo se hubiese llevado el cofre de madera y ella hubiese podido compartir la fortuna y felicidad con su hermano Sol. Más, sin embargo, incapaz de cumplir con su palabra y faltando el respeto a él mismo y a la mujer de nieve, el destino le deparó la misión de acompañar todas las noches a las estrellas en el universo. Dicen que desde entonces, la hermana Luna ilumina la fría oscuridad para que las personas no cometan su error de vivir en las tinieblas.

Donpicokararin sukkararin (13)

 

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  1. Ceremonia para espantar a los malos espíritus en el final de la época más fría y el comienzo de la primavera según el calendario antiguo, entre el 3 y el 4 de febrero actual. Se tiran judías a la figura del Oni (demonio japonés) fuera de la casa gritando que se vayan y que vengan la fortuna y la felicidad, mientras las judías se esparcen en el interior.
  2. Tipo de chimenea sumergida tradicional en Japón.
  3. Baño caliente.
  4. A media noche.
  5. En la literatura japonesa abundan los relatos de un niño o una niña nacidos de una planta y que hacen felices a los seres humanos con sus poderes extraordinarios.
  6. Figura imaginaria que vive en el monte, corre a gran velocidad y se desplaza saltando de un árbol a otro. La creencia popular los tacha como temibles y responsables de secuestros de gente.
  7. Variedad de pino que crece en la isla japonesa de Hokkaido y que tradicionalmente se le conoce como ezo.
  8. Criatura mezcla de anfibio y chico joven. Su aspecto cómico no logra disfrazar lo peligroso que puede llegar a ser. Suele aparecer junto a ríos y estanques y reta a los hombres a luchar al sumo con él. Cuando se trata de niños o jóvenes corren el peligro de ser tirados al agua y desaparecer. Los Kappa son los responsables de muchas desapariciones misteriosas de niños y jóvenes en Japón.
  9. Figura popular que representa la felicidad y la fecundidad.
  10. Yamauba o Yamanba. Mujer anciana que vive en el monte y aparece siempre que cae una fuerte nevada. Es más fría que el hielo y su aliento congela el cuerpo humano.
  11. Ser maligno imaginario que tiene cuernos en la cabeza y viste calzón de leopardo. En la cultura japonesa simboliza a temibles espíritus.
  12. Monte Fuji
  13. Expresión que se utiliza en Japón para finalizar un cuento o relato breve.

 

Escrito por: Juan Carlos Herranz

@HerranzJC

www.juancarlosherranzoficial.com

 

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